Los niños y las niñas incorporan sus emociones de maneras diversas: por la herencia, de contagios externos, con las propias vivencias y con la educación.
Cada persona recibe unas herencias: físicas, sociales…, y también emocionales, la mayor parte de las cuales son sufrimientos: miedo, angustia, incertidumbre, soledad, amargura, enfado, culpa, apatía… Nuestros antepasados emplearon casi toda su energía en cubrir sus necesidades básicas (comida, bebida, vestido, vivienda, sexualidad…) y prestaron poca atención a las necesidades de tipo psicológico. Por tanto, como no disolvieron sus sufrimientos, los fueron pasando a los nuevos seres, generación tras generación.
Desde el momento de la concepción y hasta los cinco años algunos estados emocionales de la madre o de personas cercanas pueden pasar a los niños y a las niñas y quedar grabados en ellos como programas de vida. También pueden impregnarse los niños y las niñas de las emociones de determinados ambientes, y de otros sentimientos que broten con sus propias experiencias. Además, se puede observar que algunas emociones, cuando no se viven de manera adecuada, se deterioran o se pudren dentro y se transforman en sufrimientos. Por ejemplo, el amor se puede convertir en celos, envidia… Cada grupo humano educa a sus niños y niñas en sus formas específicas de sentir. Dicha educación se suele plantear desde la óptica de que lo importante es el grupo y no la persona y su sentir de cada momento. En base a esto, si un niño tiene una emoción, que no coincide con el sentir socialmente aceptado, los familiares y amigos intentarán tapar dicha emoción, para que no sienta lo que está sintiendo e incorpore la emoción del grupo. Esto puede comprobarse en expresiones como: “No estés triste que son las fiestas” o “No te pongas tan contento que la vida da muchos golpes”.
En el proceso para la educación emocional suelen darse varios pasos. Primero, no aceptamos al niño en una vivencia emocional determinada y se lo decimos: “Yo, a los niños que se enfadan, no los quiero”; después se puede pasar al rechazo: “¡Vete a tu habitación!”; y luego a la amenaza: “¡Cómo sigas dando gritos te la vas a cargar!” e incluso se puede terminar en violencia: “¡Toma, para que grites con razón!”.
Igualmente se les enseñan las formas concretas de cómo sentir y cuándo sentir una u otra emoción: “No llores”, “Si te pegan, pégales’ o “Fiestas, ¡qué alegría! Además les preparamos en qué sentir con cada persona o con el grupo: amor a la familia o, quizá, rechazo a los de otras culturas… Por último, los niños también aprenden a manejar las emociones para lograr algún tipo de beneficio: enfadarse para que otros tengan miedo y hagan lo que él desea, o ir de bueno, haciendo lo que el otro desea, para que le acepten o le quieran.
Al final del proceso educativo los niños tienen ya un programa emocional bastante completo, que se manifiesta en conducta y se justifica de manera racional, tomando como base todo lo dicho anteriormente.
UN ACERCAMIENTO A LAS EMOCIONES
RECONOCIENDO A LOS INVISIBLES QUE LLEVAMOS DENTRO
En cada uno de nosotros habitan distintas emociones. Unas están activas con frecuencia, otras duermen y otras se despiertan de vez en cuando. A algunas las reconocemos con facilidad, a otras nos cuesta más; a veces se juntan varias y resulta complicado distinguirlas una a una.
Con la idea de hacer un primer acercamiento al mundo emocional y poder reconocer las emociones que nos acompañan, les propuse a los chicos y a las chicas que se fijaran en algunas de ellas, las identificaran, les pusieran nombre y dijeran características de las mismas. Podían imaginarlas como duendes, trolls, invisibles…
A continuación se muestran algunas de las actividades que se llevaron a cabo con chicos y chicas de 4ª de Primaria del Colegio “José Antonio Labordeta” de Zaragoza.
TEXTOS CENTRADOS EN LA ALEGRÍA
LA ALEGRÍA ES UNA BUENA EMOCIÓN
La alegría es una buena emoción, a mí me encanta, me gusta sentir esa sensación en mí.
Cuando me entran ganas de comer y como, me entra ese mismo sentimiento. Igual que cuando saco un diez, mejoro en algo o me voy de viaje a ver a mis primos, primas, tíos, tías y a mi abuela.
La sensación es como cuando marcas un gol y ganas el partido gracias a ti y a tu gol.
Eso es la alegría. ¿A que mola sentir esa sensación? ¿Eh?
(Clara)
LA ALEGRÍA ES ALGO IMPORTANTE
La alegría es algo importante. Si no estuviéramos alegres nadie querría jugar contigo, por eso es importante estar alegre.
Por ejemplo, a mí un día la profesora me regañó y me puse triste. Luego bajé al comedor y no quería jugar con nadie y lloraba todo el rato. Después de unos minutos vi a una chica, que siempre está contenta y riéndose, y me preguntó:
¿Quieres jugar conmigo?
Es que ahora no puedo – le respondí.
Me puso una cara de alegría y le dije:
¡Vale!
Desde entonces supe que no es nada bonito estar triste y que siempre tenía que estar alegre.
(Hawa)
CONTAMOS SITUACIONES EN LAS HEMOS SENTIDO MIEDO
EN UN CUMPLEAÑOS
Cuando tengo miedo se me hace un nudo en el estómago y siento un cosquilleo en el estómago.
Un día estaba en un cumpleaños y me vinieron a recoger mi padre y mi hermana. Cuando llegamos a mi casa la puerta estaba abierta de par en par y se oían ruidos extraños. Mi padre nos dijo que nos bajáramos al patio con nuestros amigos. Yo tenía mucho miedo. De repente, mi padre saltó por la ventana y dijo que no había nadie y subimos. Entonces llegó mi madre y descubrimos que había sido ella sin querer.
Cuando tengo miedo hay una cosa que me tranquiliza: sé que al final no ocurre nada porque es como una pesadilla.
(Raquel C.)
LA OBRA DE TEATRO
Tuve un poco de miedo pensando en si nos saldría bien o mal una obra de teatro; muchos niños también lo tenían.
La obra de teatro se hizo dos días. El primer día actuábamos para los de 1º, 2º y 3º de Primaria y para los de Infantil y, por la tarde, para los padres.
Yo sabía que, como eran los más pequeños del colegio, no se iban a enterar de casi nada, y los padres tampoco porque la obra era en inglés.
Pero el auténtico miedo llegó el segundo día, cuando actuábamos para los mayores, porque ellos ya saben más inglés y temíamos equivocarnos y que se dieran cuenta.
Para mí el miedo es cuando se me acelera el corazón y me duele la tripa.
Bueno, nos salió muy bien a todos y se rieron mucho.
(Raquel L.)
LOS INVISIBLES QUE VIVEN EN MÍ
EN MI HOTEL
Yo tengo un hotel, al final de la ciudad, con cuarenta y ocho plantas y ciento noventa y dos habitaciones.
Allí viven muchos duendes y algunos son muy malos porque me controlan. A menudo miro la lista y leo: duende del Pesimismo, de la Indecisión, el de la Vergüenza, el del Enfado, el de la Envidia, el de la Crítica, el del Miedo, el del Aburrimiento…
Cuando aparece el duende de la Vergüenza, no me deja hablar mucho y si aparece el de la Crítica, está criticando todo el día; con el del Aburrimiento, me aburro como una ostra; con el del Enfado, me enfado; a continuación aparece el Pesimismo que me hace pensar en negativo; luego la envidia y estoy envidiosa y, finalmente, aparece la Indecisión y no me decido.
Si les rezo, consigo que me dejen un poco en paz. Entonces puedo jugar con mis amigos sin que me enfade.
Y es que en mi hotel hay muchos duendes y, cuando los duendes entran en otras personas, es una revolución en mi gran hotel: los carritos corren de aquí para allá, las bandejas saltan por los aires…Entonces dejo que se despejen un poco en mi inmensa piscina. Después entran todos mojados y dejan pequeños charquitos en el vestíbulo y en las habitaciones.
Por la noche hacen muchas fiestas y, si yo les molesto, entran en mí la vergüenza, la crítica y el pesimismo.
(R. López)
LOS DUENDES DE MI CABEZA
Cuando me estaban haciendo las fotos de la comunión tenía fobia porque no me gusta nada la comunión y creo que es el duende de la fobia.
En clase, soy algunas veces tímido y no sé por qué. Creo que es por el duende de la timidez.
Yo tengo la culpa, a veces; cuando la tengo, es el duende de la culpa.
En casa algunas veces soy el Don Perfecto, porque si ponen algo mal, yo lo pongo bien y entonces trabaja el duende Don Perfecto.
Cuando dan un masaje a alguien, tengo envidia porque no me lo hacen a mí y ese es el duende de la envidia.
En casa, cuando tengo que estudiar dos cosas, no me decido si una u otra y ese es el duende de la indecisión.
Siempre estoy alegre y ese es el duende de la alegría.
Yo soy como un hotel y me llamo “Hotel Muchos duendes.”
(Javier)
¿SABES QUE HE TENIDO INDECISIÓN?
¿A QUÉ JUEGO?
Un día estaba jugando en el ordenador. Acabé de jugar a un juego y no sabía a cuál jugar después. Estuve pensando si al parchís o a las damas, pero después me vinieron a la cabeza “las palabras cruzadas” y el ajedrez. ¡Qué lío! _ Seguía sin saber a qué jugar. Entonces mi padre me dijo: ¡Hijo, a cenar!
Al final me quedé sin jugar y, así, aprendí a decidirme.
(Jorge)
¿QUÉ MERIENDO?
Un día empecé a tener un poco de hambre y fui a la cocina. Como estaba sola no sabía qué coger, pues aún quedaba un rato para merendar. Me adelanté, pero no sabía qué merendar: ¿queso o plátano?, ¿sandía o naranja?
Pasó un rato, así que decidí comer queso, pero…¡me gustaban tanto las demás cosas! Me fui a comer un plátano, lo cogí, pero entonces me apetecía un trozo de sandía; la fui a coger y…¡no!, cogí la naranja. Justo entonces vinieron mis amigas y me fui a jugar. ¡Y me quedé sin comer las maravillosas delicias que tenía para merendar!
(Celia)

Pepe López Sánchez
Trabajamos la autoestima en la escuela

4 comentarios 
