
Nos lo cuenta Miguel, el 19 de septiembre, en Castejón de Sos.
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Para el pueblo, no todo vale. La educación necesita un compromiso colectivo, desde estructuras con dimensiones humanizadas, contextualizadas, con un fuerte respaldo social, en un entramado de seguridad y apoyo.
ESCUELAS TALLER-MAESTROS ARTESANOS
Lo confieso: No nací en un pueblo, no me crié en el pueblo, no fui a la escuela de pueblo. Nací en Zaragoza, me crié en la capital, fui a una escuela de la ciudad. Claro que ocurrió en una Zaragoza en la que los niños podíamos ir andando a la escuela e ir buscar la leche a la vaquería mientras ordeñaban, en el seno de una familia rural con fuertes lazos afectivos, en una escuela pequeña, una chiquita academia privada (no había plaza en la escuela pública, ni dinero para una privada), mis espacios de juego estuvieron en las orillas del Ebro, los residuos industriales de la fábrica en la que trabajaba mi padre acumulados en grandes montones y los patios y escaleras de las casas en las que vivíamos. Llegué al pueblo de vacaciones, con mi abuelo materno fui descubriendo los secretos de la naturaleza, el sabor de las conversaciones sin prisas, la rebeldía sin pelea, y vi contestada mi curiosidad desde la sabiduría popular, desde el cariño. Mi despertar a la pubertad lo tuve en el pueblo, mis amigos, mis amores… mi pasión a la libertad,… nació del pueblo, del mismo pueblo, de la tradición rural, de esa sociedad tradicional de la que venía mi familia.
Por eso elegí el pueblo para vivir, para que naciera y se criara mi hijo. Ahora me sé de pueblo. Conozco la eficacia de las pequeñas estructuras educativas, estén donde estén, en el pueblo o la ciudad. He descubierto que el tamaño sí que importa, lo humano precisa de dimensiones humanas, necesitamos organizaciones comprensibles, recursos abarcables, que respeten ritmos y ciclos vitales, dentro de límites que orienten. Tengo suficiente osadía para saltarme esos límites cuando lo precise. Necesito amplios horizontes, caminos poco transitados para descubrir nuevos itinerarios, aventurarme hacia otros destinos, probar resultados alternativos,… explorar espacios colectivos y momentos individuales para no renunciar a los sueños.
Me sé de pueblo en una sociedad que ha cambiado. Mi Zaragoza está enterrada bajo el asfalto, las nuevas urbanizaciones y los macro proyectos insostenibles. El pueblo también ha cambiado, a otro ritmo pero también lo ha hecho: Desprecio por las formas tradicionales de sociedad, el pueblo como sitio de descanso, dormitorio, vacaciones y ocio. P’a pueblo todo vale. El otro modelo, consiste en aplicar una imagen bucólica a los pueblos para que nada cambie. El pueblo, pero también las ciudades, necesita cambiar, pero no imitando el modelo urbano, sino respetando al pueblo, a las personas y a su entorno.
La escuela actual, salvando las distancias, me recuerda demasiado a la de mi infancia. Filas en la entrada, mesas alineadas, ordenes, castigos, expulsiones, gritos, mal humor,… demasiado sufrimiento. ¿Por qué ocurre? La respuesta resulta sencilla. Las escuelas grandes estaban diseñadas con propósitos bien distintos para los que se le supone en la actualidad, ante la nueva realidad no se han adaptado lo suficiente y no responden a las actuales necesidades. Posiblemente el mecanismo para mantener infraestructura tan poco humanizada impide la adaptación, ya que originariamente se diseñaron para la obediencia y no para la participación. ¿En todas las escuelas, pasa eso? Existe un gran colectivo de escuelas en las que eso no ocurre o están en mejor disposición para que no ocurra: el de las escuelas rurales.
Por eso, resuenan en mis oídos las palabras de un compañero cuando no entendía que hubiera empleado mis puntos para ir a una escuela de pueblo, pudiendo haber solicitado la capital. No está aquí para que viva lo que estoy viviendo: "El horizonte forma parte del patio de la escuela, justo en el momento que abre su muestrario de colores. Juan y el señor Luis marchan sin prisa acompañando a sus pequeños. El abuelo Tomás arrastra a regañadientes a su nieta que quiere quedarse un rato más. Mª Jesús espera en el coche para llevar a Loreto, Cristian y Verónica a la Escuela de Música del pueblo cercano (Está previsto organizar conjuntamente un espectáculo-taller para todo el CRA en la que el alumnado será el protagonista). Marisa apura a Marcos y Ramón que tienen que ir al entrenamiento. Minni, Helena, Mérilin, y otro grupo de madres más allá, permanecen hablando, mientras dan de merendar a los suyos o vigilan sus juegos, socializando el cuidado de los jóvenes que permanecen en el recinto escolar. Tienen especial cuidado en recoger todo, que no quede nada en el suelo. Parece que ha tenido éxito la campaña lanzada desde la escuela, la escuela y el pueblo, están más limpios y se recicla más. Los pequeños han tenido mucho que ver en este éxito. -Este tarro al contenedor amarillo, el de los envases- oigo decir a Denisa.
En un banco, Mohamé enseña orgulloso el libro que ha cogido de la biblioteca, esa biblioteca decorada y prolongada por todo el centro entre las madres, el alumnado y muchos profes; hoy le tocaba a él de bibliotecario. La lectura del libro en voz alta del niño sirve como excusa a quienes le rodean para comentar las actividades que se han generado desde la biblioteca. -¡Qué bonita está quedando la biblioteca y la escuela, da gusto entrar!-, -Ha sido muy buena idea, la de participar todos en la decoración-, -Además, se aprende sólo con pasear por los pasillos-, -¡Qué lástima que haya tampoco sitio además de las clases!, tenemos que mirar de conseguir la ampliación de la escuela-. Mohamé no se conforma y demanda su rato de protagonismo, insiste con la lectura de su libro. No tiene mucha suerte, a su auditorio le pueden las ganas de comentar y la escuela se convierte de nuevo en objeto de la conversación, se habla de ella con complicidad y respeto, se vive como propia: -La semana que viene vendrán los mayores de todo el CRA a hacer un taller con el ilustrador-, -Sí, y los pequeños irán al Cuenta cuentos-, -¡Qué bonita la revista que hacen los de infantil. Me encanta!-, -A mí me gusta la web del cole, hay días que me emociono , -Sí, qué cosas cuentan ¿verdad?, parece que conoces a los críos y de repente te sorprenden con cada cosa-, -Yo he escrito…- -A mí me toca la semana que viene contarles cuentos- , -Está teniendo mucha eficacia eso de que los chavales mayores cuenten cuentos a los pequeños-, -No sólo cuentos, también están haciendo trabajos que luego explican a los pequeños-, -Sí, que la mía me contó que hicieron un audiovisual de los mamíferos y luego fueron a explicarlo a la clase de los pequeños- .
La conversación gira en otra dirección y curiosamente, la escuela centra de nuevo la tertulia, quien escucha la escena descubre que las familias sí que se preocupan de la educación, aunque no siempre tengan recursos y orientación suficiente. Hablan de los talleres, de que están mezclados y que aprenden unos de otros. Del éxito de participación y asistencia a los Carnavales, de que además de pasarlo bien habían aprendido mucho, que los chavales van a gusto a la escuela,…
Un grupo de los mayores se queda a terminar un trabajo en los ordenadores, Kaoutar, asume la responsabilidad del cuidado en ese rato, me pregunta cuándo viene sus amigos del pueblo vecino a la convivencia . Irene me lleva a parte y me hace un confidencia, necesita un consejo y me recuerda que mañana viene su madre para hablar conmigo, yo le invito para que ella también esté en la entrevista.
Otros chavales vuelven con el bocadillo y se han auto organizado un partido en el que grandes, pequeños, niñas y niños consiguen un frágil y funcional equilibrio. Observando la escena, Araceli y Santiago intercambian las anécdotas del alumnado del día. -Tenías que haber visto la cara de Alín cuando ha dicho ¡ah claro! se le han iluminado los ojos y se le ha puesto una sonrisa de oreja a oreja, en ese momento lo ha entendido todo, yo me he alegrado tanto como él-. -Y tú tenías que haber estado en ese momento que estaba hablando en clase y, de repente, se han quedado todos callados, todos me miraban con atención, yo notaba como estaban impresionados y que todo lo decía les estaba llegando, casi se me saltan las lágrimas-. Están presentes Pili, Fina y Fátima que acompañan a sus hijos y algunos de los vecinos, que se incluyen en la conversación y cuentan sus propias vivencias aportando la visión desde el otro lado. Cabe el humor, la distensión, la complicidad,… el sentirse miembros del mismo colectivo, compartiendo problemas y sueños.
Me quedo con Santiago. Hablamos de los problemas con algunos de nuestros alumnos. Me orienta sobre con quién hablar para utilizar Linux en la escuela, me da información sobre alguna familia. Apuntamos algunas soluciones y concretamos algunas estrategias. Nos enseñamos algunos trabajos de los que estamos satisfechos, aprendemos juntos, nos apoyamos, estamos apasionados con nuestro trabajo. Sólo son las seis de la tarde.
Reviso las tareas de los chavales, corrijo los artículos que han mandado a la web y quedan publicados. No tarda en llegar Germán, habíamos quedado a esa hora. Viene de trabajar, agricultor del pueblo, licenciado en historia, que está preparando las oposiciones de Secundaria. Me trae propuestas de trabajo: -Tenemos estos restos históricos…, he encontrado esta información…, he recorrido estos caminos…, te traigo estos mapas…, guardo este artículo,…-. Le cuento que he hablado con Tere, una de las madres, me ha confirmado que podemos contar con ella para hacer el taller de cocina. Se nos pasa el tiempo buscando proyectos a realizar, está dispuesto a colaborar. Contamos con personas, instituciones, recursos,… y además tenemos la genialidad de la infancia y la juventud con su curiosidad, ganas de hacer, sueños que cumplir, ansias por abarcar el mundo. Estos van a ser nuestros libros de texto, nuestras herramientas de trabajo, allí se va a fundamentar nuestra aventura de descubrir y aprender, allí vamos a volcar nuestro compromiso con la vida, una vida que queremos cuidar. Soñamos con convertir el pueblo entero en escuela y la escuela en un motor de desarrollo de la localidad, a la vez, que supone un referente fundamental en el desarrollo de cada individuo. Mientras tanto, me llama por teléfono Carlos, un vecino del pueblo vecino y colaborador habitual en la web y en otros trabajos escolares, que me confirma su presencia para el próximo proyecto.
Cuando nos vamos, llegan las mujeres de la limpieza, me cuentan que han visto en la página del colegio la foto del murciélago, ellas lo habían descubierto limpiando y nos había servido para estudiarlo con los chavales. Nos despedimos hasta el día siguiente, cuando Encarna comenta: ¡Qué diferente resulta realizar un trabajo para mejorar el entorno, hacer un regalo, comunicarse, llevar acabo un proyecto colectivo, contar a su pueblo lo que pasa,…qué hacerlo únicamente para que lo corrija la maestra!.
Marchando, me encuentro con varios de los alumnos, nos intercambiamos bromas. Hablamos de la obra de teatro que estamos preparando para final del curso, en ella contamos los orígenes del pueblo y gran parte de nuestra historia, interviene todo el alumnado de las dos aulas de los mayores, todo original, hemos creado desde el guión hasta el último detalle del decorado, muchos profesores, las familias, además de algunos voluntarios, están colaborando,… y nos han ido contando detalles inéditos del pasado de la comarca. Todo el grupo estamos contentos del fuerte trabajo interdisciplinar que estamos haciendo. Uno de los chavales más problemáticos, sorprendiendo a todos, se ha prestado voluntario para leer un discurso final, texto que hemos preparado en clase entre todos. Gran parte de este grupo, ya no estará al curso que viene en su localidad, continuará su escolarización en un instituto próximo, por eso, me regodeo con satisfacción y entusiasmo imaginando el término de esa obra colectiva, ese instante final del curso, en el que lo último que reciban en la escuela de su pueblo sea el aplauso unánime de todo el Colegio y con él, el cariño y el reconocimiento de todo el pueblo, tras un gran trabajo.
Detrás de las Ripas aun clarea, se dibuja la silueta majestuosa de la ermita, el río se adivina paralelo a la carretera durante esos cinco kilómetros que me separan de mi casa en el pueblo de al lado, lugar que he elegido para vivir. Me siento artesano de la educación, hermanado con mi amigo, el que saca esculturas del boj, cuando me dice que sólo ayuda a sacar lo que ya estaba dentro, y hoy mi jornada ha concluido. O quizá no, todavía puedo encontrarme con un artículo de prensa, una lectura, una conversación con algún vecino del pueblo, el e-mail de algún compañero, un programa de televisión, un objeto abandonado en el contenedor de basura,… que pueda servirme para mi escuela. No, no tengo respuestas para todas las cuestiones, sigo buscando, entre errores y aciertos continuo aprendiendo, desde una pequeña escuela, en un pueblo, en una sociedad que me cabe en un abrazo y, a la vez, conectado con un mundo con el que me siento comprometido. Pero, el compañero que no entendía mis motivos, no está aquí conmigo.
Ahí tenemos una solución: Las pequeñas estructuras educativas. Las dimensiones humanizadas se adecuan con mayor eficacia a la educación. Por eso en grandes centros también existen algunas experiencias que tienen importantes éxitos, cuando se gestionan desde ese mismo modelo. La educación necesitan alejarse del modelo factoría y volver al modelo artesanal, no por romanticismo, ni márquetin etnológico, si no por eficacia. Entiendo la EDUCACIÓN como un compromiso colectivo desde estructuras con dimensiones humanizadas, adaptadas y adaptables al contexto o contextos diferentes, sin escatimar recursos, con un fuerte respaldo social, puesto que se entiende la educación como el principal activo de la sociedad, tanto rural como urbana. Una autoestima ajustada y una adecuada motivación del entorno educativo resultan fundamentales para la educación, para ello se necesita dotar de un entramado de seguridad y apoyo. Sigamos el camino del contagio, hay mucho foco desde donde irradiar esperanza y pragmatismo a la vez, con la paciencia con que aprendimos a fuerza de mirar el cielo y sentir las voces que nos trae el viento. Muchas maestras, muchos maestros, pasan por estas aulas, para llegar a otros destinos en grandes centros, hagamos el esfuerzo de difundir las experiencias exitosas e intentar exportarlas, adaptándolas a las nuevas circunstancias, a otros lugares, a nuevos centros, desde el orgullo de sentirnos maestros artesanos, no maestros p’a pueblo.
Cómo dice la Ronda de Boltaña, no añoremos lo que no fuimos vamos a soñar lo que aún seremos.
Miguel Calvo Soto. Maestro de pueblo.
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